Previo a su participación en el Masters 1000 de Cincinnati, Nicolás Jarry (100° ATP) reflexionó sobre el difícil año que ha vivido, marcado por la neuronitis vestibular, una afección que no solo afectó su rendimiento deportivo, sino también su salud mental, llevándolo a enfrentar una profunda depresión y a buscar ayuda psiquiátrica.
En una entrevista con El Mercurio, el tenista nacional se sinceró: “El peak fue en el US Open, donde muchos doctores decían que ya iba a estar bien, pero llegó el partido y seguía muy mal. No tenía ganas de salir de la cama y tuve que hablar con mi psiquiatra”.
De regreso en Chile, Jarry reconoció que entró en un estado depresivo, pero aun así decidió presentarse a la serie de Copa Davis. “Tuve el apoyo de Massú, quien entendió que no estaba en un buen momento. El doctor Alejandro Orizola entendía muy bien el tema y fue de los pocos que me dijo desde el principio que tuviera paciencia, que podía ser largo, y así ha sido”, agregó.
A pesar de los momentos más oscuros, el número uno del tenis chileno destacó que su familia fue su principal sostén: “Laura, mi esposa, me ayudó a aceptarlo y a disfrutar los pequeños momentos con mis hijos. Me ayudó a pasarlo bien en los viajes, a hacer cosas entretenidas con la familia y a disfrutar viendo cómo crecen mis hijos, llevarlos al parque y pasar tiempo con ellos cuando internamente sentía todo ese dolor. Sin ellos no habría salido adelante”.
Aunque la enfermedad aún no ha desaparecido por completo, Jarry reconoce una gran mejoría: “La enfermedad todavía no se ha ido, pero creo que estoy en una recta final, donde ya no siento que me afecte”.
Ahora, el tenista nacional se enfoca en retomar su mejor nivel de cara al tramo final de la temporada, con el respaldo de su familia y el convencimiento de que puede volver a competir con confianza y estabilidad.